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*Por Cr. José Luis Martin

El pasado mes de agosto fue un momento de cambios importantes para los contribuyentes, más puntualmente sobre un tema cotidiano y operativo: la facturación, sea de los servicios prestados y/o bienes vendidos.

Con la publicación de las resoluciones generales 4290, 4291 y 4292 la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) formalizó las nuevas disposiciones en la materia que se venían pensando desde hace un tiempo siendo esto, de manera resumida, un paso más hacia la generalización absoluta del uso de medios electrónicos para la facturación por parte de los contribuyentes.

Si bien, con la implementación de estas novedades, sigue teniendo un poco más de vida el viejo talonario manual –en el caso de monotributistas efectores, sociales y sujetos no alcanzados en IVA como modalidad de emisión principal; y para responsables inscriptos, exentos y monotributistas como medio de emisión de respaldo ante contingencias-, los contribuyentes deberán optar entre dos alternativas a la hora de emitir sus comprobantes, usar factura electrónica o controlador fiscal.

Entonces, la pregunta más importante que surge a la vista de todas estas novedades es: ¿cómo van a impactar en la vida de un contribuyente pequeño, una startup o PyME que está empezando la actividad?

Lo primero que resaltamos es que ahora el controlador fiscal, para los sujetos que se encontraban obligados a su uso –entre los principales aquellos que realizan operaciones masivas con consumidores finales- pasó a ser una opción. Es decir, que a partir de ahora utilizar un controlador fiscal o emitir factura electrónica es una decisión operativa y/o comercial de cada contribuyente.

Lo segundo, es que esto puede contribuir a la simplicidad en la administración y gestión de un negocio y a su versatilidad. Pueden empezar a desaparecer las incontables cajas y comprobantes en papel, y en su reemplazo seguir adquiriendo un rol estelar los medios electrónicos de operación y almacenamiento.

Como último y más importante quizás, es que representa un ahorro en la inversión inicial que antes debía desembolsar un emprendedor. Comprar un controlador fiscal representaba un esfuerzo de alrededor USD 750,  o quizás algo menos si se optaba por un equipo usado. Ahora ese gasto –que se tenía antes siquiera de obtener un mínimo ingreso- se puede derivar a una inversión que realmente sume e impulse tu actividad.

Muchas veces los cambios que impone el fisco se traducen en una carga económica u operativa para los contribuyentes, otras se pueden ver como una ventana para tener un beneficio. En esta oportunidad nos inclinamos por la segunda idea.

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